🔥 Esta semana he usado ChatGPT como loco, y es porque me da la sensación de que me rinde más en tokens que Claude.
No me he quedado con la duda. Como tampoco muchos de ustedes, investigué por aquello de si era percepción o realidad
Anthropic para principiantes.
Cuando usas los modelos de Anthropic, vas en una sola vía. Si te subes a la locomotora de Opus, la máquina corre sin piedad tanto en rectas como en pendientes. Por eso te consume la misma cantidad de tokens en una tarea simple que en una compleja: un solo engranaje, una sola vía.
En tus sesiones de 5 horas con Opus, vas del punto A al punto B pagando $25 dólares por millón de tokens de salida, sin que importe si la tarea era un resumen de dos párrafos o un análisis de 50 páginas. Es como contratar a Stephen Hawking para darle clases de matemáticas a tu hijo de primaria y de paso a tu hija en la universidad, sin que el hombre llegue a soltar todo lo que sabe.
Si quieres gastar menos tokens, tienes que bajarte del tren de Opus y tomarte el camión de Sonnet o la combi de Haiku... pero el cambio lo haces tú, a mano. Y como todos queremos lo mejor, pues ahí te quedas escuchando rugir la locomotora por el puro rush de dopamina y la falsa sensación de inteligencia máxima.
¿Sí me expliqué?
Ahora hablemos de OpenAI.
Odiado y amado a la vez. ChatGPT es un vehículo con transmisión automática. Después de todo, si se trata de inteligencia artificial, debería saber cuándo acelerar y cuándo ir en modo crucero sin que sientas el jalón.
Te detallo: en la app de ChatGPT — no en la API, ojo — el sistema ajusta el esfuerzo de procesamiento según la complejidad de lo que preguntas. Una conversión de grados Fahrenheit a Celsius no requiere el mismo poder de cómputo que analizar una arquitectura de software distribuido, y ChatGPT lo sabe. Lo maneja con niveles de razonamiento que van de Instant a Medium a Deep, subiendo y bajando automáticamente.
En ChatGPT Work puedes elegir manualmente entre Sol, Terra y Luna, pero en el ChatGPT de todos los días, el cerebro atrás del volante decide por ti.
¿Qué pasa ahí? Que al graduar el esfuerzo, gasta menos tokens en tareas simples. Y eso pasa directo a tu factura o a tu sesión como beneficio neto.
Pero... cuidado. Porque aquí el verdadero truco que te vacía la cuenta no es el procesamiento: son las ventanas de contexto.
El tamaño sí importa (y bastante).
OpenAI y Anthropic compiten cabeza a cabeza, pero hay una diferencia brutal en cómo te cobran el contexto largo.
OpenAI te cobra precio normal mientras tu prompt esté por debajo de 272,000 tokens. Pero si lo rebasas —así sea por 28 tokens— te recarga el request completo. No solo los tokens excedentes: TODO el request, desde el primer token, se va a 2x en input y 1.5x en output. En Sol, eso significa pasar de $5/$30 a $10/$45 por millón de tokens. O sea, te pasas por 28 tokens y te la ensartan doblada y sin vaselina. LOL!!.
Anthropic, en cambio, desde marzo de 2026 eliminó ese recargo. Sus modelos Opus y Sonnet cobran precio plano sin importar si mandas 1,000 o 1 millón de tokens. Sin trucos, sin escalones, sin sustos en la factura.
O sea: OpenAI penaliza el contexto largo. Anthropic lo trata como ciudadano de primera.
La estrategia que nadie te cuenta.
Para cerrar, lo que importa es saber qué AI usar para cada tarea. O bien, hacer el salto con resúmenes en markdown y pasar de una sesión a otra antes de llegar al límite... o comprimir antes de que el contador explote.
¿Ya sabías esto?
Soy Samuel Ramsan. Gracias por llegar hasta aquí.